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La Coctelera

LA CARTA DE LA AMARGURA

El 12 de octubre de 1992 se cumplieron 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a estas tierras de América. Esa fecha se celebro con grandes fiestas tanto en Europa como aquí en América. Había que celebrarlo, pues hace 500 años se encontraron dos mundos que no se conocían. Pero al encontrarse hicieron brotar ríos de sangre y de lágrimas. Hubo vencedores y vencidos aun 500 años después, el dolor no se ha calmado.

Y aquí estamos nosotros, los hijos de unos y otros. En nuestra sangre corre esa historia. Somos un poquito los herederos de la tristeza de los vencidos y un poquito los herederos de la victoria. Es difícil que un vencedor comprenda el dolor de un vencido. Y es difícil que un vencido olvide su derrota. Y por eso alguien escribió, 500 años después, una carta que vibra de cólera y dolor y se las hizo llegar a casi todos los jefes de estado en Europa. Esa carta también está circulando por nuestros países. No sabemos quién la escribió. Como firma le pusieron los nombres de dos caciques indígenas que lucharon contra los españoles. No o estamos de acuerdo con todo lo que dice la carta, pues no se puede reclamar un lejano pasado.

En todo lugar y en todo tiempo el vencedor ha abusado del vencido. Es cierto que los europeos saquearon a los pueblos que descubrieron en América. Las cantidades de oro y plata que se mencionan en la carta son solo parte del botín. También es cierto que durante casi 300 años fuimos luego colonias explotadas por los vencedores. En el año 1821 sacudimos ese yugo pero la libertad no duro ni 150 años. Pues creyendo que con préstamos de los países ricos podíamos vencer la pobreza de 5 siglos, caímos, por nuestra propia voluntad en la esclavitud de las deudas.

El encuentro de los dos mundos comenzó con una tragedia que aun no ha llegado a su fin.

¿Cuándo llegara la hora de terminar la relación entre vencedores y vencidos? Entre deudores y acreedores?

¿Cuándo llegara el día de forjar un futuro pacífico entre pueblos libres de deudas y resentimientos?

Que esa carta, tan llena de amargura, despierte la reflexión que lleve al perdón y no al odio.

Para ello publicamos aquí algunas partes:

“Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.

Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace 40000 años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace solo 500 años.

El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.

El hermano usurero europeo me pide pago de una duda contraída por Judas a quien nunca autorice a venderme.

El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.

Yo voy descubriendo.

También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses.

Consta en el archivo de indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1600 llegaron a San Lucas de Barrameda (en España) 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América...

Estos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros prestamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario seria presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no solo a exigir devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios...

…al celebrar el quinto centenario del empréstito, podremos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?

Deploramos decir que no…

Han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuando de independizarse de las rentas liquida, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el tercer mundo.

Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.

Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del tercer mundo.

Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado solo durante los últimos 300 años con 200 años de gracia. Sobre esta base y aplicando la formula europea del interés compuesto informamos a los descubridores que nos deben, como pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300. Es decir un número para cuya expresión total serian necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta tierra.

Muy pesadas con esas moles de oro y plata…y… ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?

Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.

Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.

Pero si exigimos la firma de una carta de intención que discipline a los pueblos deudores del viejo continente y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de esta duda histórica…

Dicen los pesimistas del viejo mundo que su civilización está en una bancarrota que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales. En tal caso no nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con que mataron al poeta.

Pero no podrán porque esa bala es el corazón de Europa”.

Fragmento sacado del Libro Almanaque Escuela para Todos del año 2003.

LAS RAICES TORCIDAS DE AMERICA LATINA

La dolorosa hipótesis que propone este libro consiste en que el patente fracaso de América Latina –el rincón más pobre e inestable de occidente- en gran medida es consecuencia de su particular historia.

Una historia, que desde sus inicios, fue percibida como ilegitima e injusta por la mayor parte de sus actores –españoles, criollos, indios y negros-, cada uno desde su particular repertorio de quejas y agravios, y todos con una parte de razón. Una historia que unió el machismo de los conquistadores al de los conquistados, perjudicando brutalmente y hasta hoy a las mujeres. Una historia en la que la sociedad se fue forjando, hecha de estos retazos étnicos escasamente integrados, no consiguió segregar un estado en el que los intereses y valores de la inmensa mayoría se vieran reflejados.

Esta sorprendente obra está escrita por Carlos Alberto Montaner.

La recomiendo para aquellos que quieran saber más acerca del porque la sociedad de los países latinos es así.

"LA NOCHE TRISTE"

Cortés antes de iniciar la marcha hacia la capital azteca quema sus naves, con el fin de que ninguno de sus hombres diera marcha atrás queriendo regresar a Cuba. Cuando atravesaba terreno montañoso es atacado por los tlaxcaltecas. Los indígenas son vencidos después de sangrienta batalla por la superioridad de táctica y armamento de los españoles. Derrotados los guerreros de Tlaxcala decide aliarse a los invasores, a la vez que advierten a Cortés de la superioridad numérica de los aztecas y de los inexpugnables que era la capital azteca, que por encontrarse en un lago, sólo se podía llegar a ella a través de tres calzadas.

Cortés no se amilana por este hecho y continúa su marcha llegando a Cholula, donde son bien recibidos, pero los indígenas habían fraguado un plan para exterminarlos. Sin embargo, doña Marina (la interprete) descubre el plan y avisa de inmediato a Cortés quien ataca a los cholutecas. Antes de partir visita la ciudad de Cempoala, capital de los totonecas, quienes se unen a las huestes conquistadoras. Entonces Cortés a Juan Escalante al mando de 150 hombres, inicia su marcha hacia Tenochtitlán, llevando 15 caballos, 400 infantes y más de 1,000 hombres entre soldados e indios.

Cortés continúa su viaje, pasa por otros pueblos a los que somete, y el 8 de noviembre de 1519 llega a la gran ciudad de Tenochtitlán, capital del imperio Azteca. Es recibido cordialmente por Moctezuma, acompañado de su corte, mientras que doña Marina les servía de intérprete. Fueron alojados en un hermoso palacio que había pertenecido al anterior soberano. Los españoles se quedaron maravillados de ver tanta riqueza y lujo: palacios ricamente adornados, tesoros, bellos jardines, vistosos trajes, almacenes llenos de provisiones, mercados, calles bien trazadas, calzadas y un acueducto que llevaba el agua a la ciudad.

Pero así como se asombraron de ver tanto lujo y riquezas, también se horrorizaron, ya que al llegar al santuario de la gran pirámide, se encontraron con el olor fétido que despedían los sacrificios humanos que los indios realizaban en ese lugar en honor al dios Huitzilopochtli. A pesar de ser tratados hospitalariamente, y ante el temor de ser atacados por sorpresa, Cortés decide hacer prisionero a Moctezuma y llevarlo al palacio que ocupaba, donde es encadenado y obligado a declararse vasallo del emperador Carlo V.

Por medio de correo (chasquis) de Moctezuma, Cortés se entero que una fuerza enviada por Velásquez había llegado a Veracruz, capitaneada por Pánfilo Narváez para capturarlo por traidor, pues se había declarado independiente, desconociendo la autoridad y las órdenes del gobernador Diego de Velásquez. La expedición de Narváez comprendía 18 barcos, cargados de 900 soldados, caballos, provisiones, artillería, ballestas y arcabuces. Cortés sale al encuentro de Narváez, dejando al mando de sus fuerzas en Tenochtitlán al capitán Pedro de Alvarado.

Llega a Cempoala, donde en un ataque nocturno, derrota a Narváez y lo hace prisionero. Con oro convence a los soldados, del vencido, que aceptan a Cortés como su nuevo jefe y deciden acompañarlo de regreso a Tenochtitlán. Mientras tanto. Pedro de Alvarado, había invitado a unos 600 nobles a una fiesta donde sus soldados matan y les roban las prendas de oro que lucían en sus cuerpos. Esta atrocidad hace que todo el pueblo se subleve, sitiando el palacio donde los españoles se alojaban.

Cuando Cortés regresó, reprendió severamente a Alvarado por su salvajismo, crueldad y codicia, mientras le pedía a Moctezuma que tratara de aplacar a su pueblo pidiéndoles que depusieran las armas y se sometiera; pero el pueblo cansado de la indiferencia de su emperador y de los abusos de los españoles, los atacan a flechazos y pedradas, cayendo Moctezuma gravemente herido a consecuencia de una herida recibida por una piedra en la cabeza. Moctezuma se niega a dejarse curar, muriendo poco tiempo después.

Los indios eligieron como sucesor de Moctezuma a su hermano Cuitlahuac, quien se proclama como nuevo emperador. Cuitlahuac, un hombre sin escrúpulos religiosos nada supersticioso y con sed de venganza continúa los ataques contra los españoles. Ante esto, Cortés comprendió de debía evacuar la ciudad si querían salvarse, ya que apenas tenían agua, alimentos y pólvora. Entonces decidió construir un puente colgante que soportara el peso de la caballería y de la artillería para tratar de romper el sitio durante la noche aprovechándose de la oscuridad.

Sin embargo, en plena evacuación fueron atacados por miles de indios a bordo de canoas que inmediatamente empezaron a diezmar a las tropas españolas, que prácticamente se encontraban indefensas. A esta noche se le llama “La Noche Triste” y cuenta la historia que Cortés lloró bajo un árbol, al ver su ejercito completamente destrozado. Esto sucedió el 30 de junio de 1520.

LA LEYENDA DEL DORADO



Una de las leyendas más importantes durante la Conquista de América fué la de El Dorado.

Los españoles que abrigaban la gran esperanza de enriquecerse con el oro de éstas regiones,no ahrraron esfuerzos para obtener información de los indios sobre la localización de sus tesoros; y hay que tener en cuenta que, muchas veces los mismos aborígenes fueron los iniciadores de la idea de El Dorado como pretexto para que los conquistadores se alejaran de sus tierras y les olvidaran temporalmente.

Inicialmente estos fabulosos lugares se situaron al oriente de la Cordillera de los Andes. Eran ciudades grandes, llenas de oro y regidas por monarcas que se revestían enteramente de dicho metal; también se especuló mucho con reinos prodigiosos como las siete ciudades de Cibola, el país de las amazonas y un legendario país de la canela. Todas estas quimeras eran versiones de El Dorado, fuente de riqueza fácil e inagotable.

La penetración tierra adentro desde la Costa Atlántica, tuvo varios motivos, pero entre ellos no puede descartarse la búsqueda del pretendido Dorado. La leyenda sirvió en buena parte para aumentar la explotación de muchos grupos triviales que debían entregar sus joyas a los soldados españoles. El oro además de las piedras preciosas, constituía lo valioso del botín que aquellos se repartían, además del quinto real que debían separar para la corona. Algunas realidades como ceremonias de envestidura del nuevo zipa en la Laguna de Guatavita, ayudaron también a la formación de la leyenda de reinos de oro.

Una de las más interesantes aventuras en busca de El Dorado, fué la emprendida por Sebastián de Belalcázar en 1538 desde Popayán y que culminó con su llegada a la Sabana de Bogotá y el encuentro posterior con Jiménez de Quesada y Nicolás de Federman. Cuando Belalcázar tuvo ante sí la planicie del reino, creyó que ese era El Dorado.

Hubo otras exposiciones emprendidas tras el soñado Dorado.

El descubrimiento de ricos yacimientos de oro de la región noroccidental del país y concretamente de las minas de Buriticá en Antioquia, hizo creer a muchos conquistadores, que hacia el sur estaban los flamantes reinos construídos con este metal.

El occidente del país aportó gran cantidad de oro a las expediciones españolas pues la tierra era pródiga en oro y frutas a Leyenda del Dorado

Una de las leyendas más importantes durante la Conquista de América fué la de El Dorado.

Los españoles que abrigaban la gran esperanza de enriquecerse con el oro de éstas regiones,no ahrraron esfuerzos para obtener información de los indios sobre la localización de sus tesoros; y hay que tener en cuenta que, muchas veces los mismos aborígenes fueron los iniciadores de la idea de El Dorado como pretexto para que los conquistadores se alejaran de sus tierras y les olvidaran temporalmente.

Inicialmente estos fabulosos lugares se situaron al oriente de la Cordillera de los Andes. Eran ciudades grandes, llenas de oro y regidas por monarcas que se revestían enteramente de dicho metal; también se especuló mucho con reinos prodigiosos como las siete ciudades de Cibola, el país de las amazonas y un legendario país de la canela. Todas estas quimeras eran versiones de El Dorado, fuente de riqueza fácil e inagotable.

La penetración tierra adentro desde la Costa Atlántica, tuvo varios motivos, pero entre ellos no puede descartarse la búsqueda del pretendido Dorado. La leyenda sirvió en buena parte para aumentar la explotación de muchos grupos triviales que debían entregar sus joyas a los soldados españoles. El oro además de las piedras preciosas, constituía lo valioso del botín que aquellos se repartían, además del quinto real que debían separar para la corona. Algunas realidades como ceremonias de envestidura del nuevo zipa en la Laguna de Guatavita, ayudaron también a la formación de la leyenda de reinos de oro.

Una de las más interesantes aventuras en busca de El Dorado, fué la emprendida por Sebastián de Belalcázar en 1538 desde Popayán y que culminó con su llegada a la Sabana de Bogotá y el encuentro posterior con Jiménez de Quesada y Nicolás de Federman. Cuando Belalcázar tuvo ante sí la planicie del reino, creyó que ese era El Dorado.

Hubo otras exposiciones emprendidas tras el soñado Dorado.

El descubrimiento de ricos yacimientos de oro de la región noroccidental del país y concretamente de las minas de Buriticá en Antioquia, hizo creer a muchos conquistadores, que hacia el sur estaban los flamantes reinos construídos con este metal.

El occidente del país aportó gran cantidad de oro a las expediciones españolas pues la tierra era pródiga en oro y frutas así como de maíz y yuca.

Entre los expedicionarios encontramos a Jorge Robledo y a Pascual de Andagoya. Las expediciones de conquista en busca de El Dorado condujeron a la fundación de muchas ciudades, varias de las cuales no subsistieron largo tiempo a causa de las hostilidades de los indígenas o traslados para evitar conflicto de jurisdicciones o simplemente para mejorar su ubicación con respecto a factores naturales o rutas de comercio.sí como de maíz y yuca.

Entre los expedicionarios encontramos a Jorge Robledo y a Pascual de Andagoya. Las expediciones de conquista en busca de El Dorado condujeron a la fundación de muchas ciudades, varias de las cuales no subsistieron largo tiempo a causa de las hostilidades de los indígenas o traslados para evitar conflicto de jurisdicciones o simplemente para mejorar su ubicación con respecto a factores naturales o rutas de comercio.

PERROS DE CONQUISTA

Los españoles utilizaron perros para la conquista del Nuevo Continente, siguiendo su propia tradición y la de numerosos pueblos como los asirios, babilonios, griegos, bárbaros y romanos, que aprovecharon las virtudes de los canes para el combate.

Los anales de la conquista nos describen a perros, comúnmente denominados Alanos, originarios de la península ibérica, empleados por los conquistadores para la invasión. Estos perros similares al actual Gran Danés procederían de la Rusia Oriental, pertenecientes a las hordas de alanos, un pueblo escita originario de Oriente que bajo la presión de los hunos invadió algunas provincias del Imperio Romano (Corintia) y que después, fusionándose con los pueblos invadidos y con los mismos hunos, llevó esta raza canina por toda Europa, hasta España, país en el cual existen testimonios de su existencia desde tiempos pretéritos.
La denominación de Alano se aplicó, en el Nuevo Mundo, de manera extensiva a todos los perros utilizados a fin de pelear ferozmente contra los indios. Aunque, en rigor de verdad, también actuaron dogos y lebreles. Los relatos de cronistas de la época cuentan de indios atacados por ¨perros enormes, con orejas cortadas, ojos de fiera de color amarillo inyectados en sangre, enormes bocas, lenguas colgantes y dientes en forma de cuchillos, salvajes como el demonio y manchados como los jaguares¨. La descripción también tiene un inevitable tono de admiración y temor; no olvidemos que en la época precolombina (antes del arribo de los conquistadores) los indios poseían perros de pequeña talla y cuerpo menudo.

Poema de Rafael Landivar


¡Oh Salve, Patria para mí querida!
Mi dulce hogar, ¡oh salve, Guatemala!
Tú el encanto y origen de mi vida.
¡Cuánto, tierra bendita, se regala
el ánimo evocado de tu suelo
las prendas todas, de natura gala!

Me acuerdo de tu clima y de tu cielo;
a tus fuentes me asomo, y se pasea
por tus henchidas calles ¡ay! mi anhelo.
En tus templos mi vista se recrea,
y a la sombra encontrarme de tus lares,
a ti volando el corazón desea.

A veces me parece los pinares
divisar de tus montes, y las frondas
que esmeraldas semejan a millares.
Veo por las mieses tus campiñas blondas,
campiñar en perenne primavera
a las que riegan cristalinas ondas.

Con fecuencia la imagen placentera
surge en mi mente, de tus muchos ríos
que huyendo van en rápida carrera,
en torno de los márgenes sombríos;
o bien el interior de tus hogares
ver me figuro lleno de atavíos.

Vuela después mi mente a otros lugares
y sorprende jardines matizados
de venus por las rosas singulares.
Más ¿a do se encaminan exaltados
mis pensamientos, cuando aún los tapices
de seda evoco en oro recamados.

¿Y el purpúreo vellón…? Firmes raíces
el patrio amor en nuestras almas hecha,
al refrescar memorias tan felices.
Memorias en que, al verse por la flecha
el infortunio heído, luego ufano
en ellas paz el ánima cosecha.

Pero me engaño: qué injuriosa mano
vino a agitar mi sosegada mente,
a mi ánimo a burlar ensueño vano.
¡Ay! La ciudad que ayer fuera esplendente
alcázar y del reino señora,
admiración y pasmo de la gente.

¡De piedras un acervo es sólo ahora…:
casas, templos y calles… no le quedan;
y aun el monte a la cumbre protectora
no cabe por do ir, que se lo vedan
los edificios que en fatal ruina
de sus alturas hasta el polvo rueda.

¡Todo cae…! Parece que fulmina
sus alígeros fuegos el tonante,
y con su roce todo lo extermina.
Mas, ¿para qué deploro sollozante
tanta escena de muerte y tanto estrago?
¡espectáculo nuevo ved delante…!

Ya del sepulcro surgen, ya el vago
viento nuevas mansiones señorean
y airosos templos; sienten el halago
del céfiro las fuentes que ya ondean;
torna el pueblo a llenar el "avenida"
y alma quietud de cuantos lo desean.

Más que de Egipto el ave esclarecida
dichosa Guatemala, nuevamente
de sus cenizas propias saca vida.
¡Oh rediviva Madre! alza la frente
en júbilo bañada; y ya al amparo
de otro nuevo desastre largamente,

puedes vivir. En tanto, yo el preclaro
triunfo que de la muerte has obtenido
celebraré en mis versos sin reparo,
y haré sea en los astros conocido.
Por fin, mi ronco plectro, con intensa
ternura te consagro; y solo pido
tenerte a ti, por premio y recompensa.

(Rafael Maria Landívar y Bustamante)

La Patria del Criollo

Mi proyecto fue realizado gracias a la gran informacion proporcionada por el ensayo de Severo Metínez Peláez, esta ensayo contiene, como su nombre lo dice, nos hable acerca de el criollo y todo o que le rodeaba en aquella epoca. La recomiendo para aquellos que desean tener mas conocimientos hacerca de esa epoca.