Una de las leyendas más importantes durante la Conquista de América fué la de El Dorado.

Los españoles que abrigaban la gran esperanza de enriquecerse con el oro de éstas regiones,no ahrraron esfuerzos para obtener información de los indios sobre la localización de sus tesoros; y hay que tener en cuenta que, muchas veces los mismos aborígenes fueron los iniciadores de la idea de El Dorado como pretexto para que los conquistadores se alejaran de sus tierras y les olvidaran temporalmente.

Inicialmente estos fabulosos lugares se situaron al oriente de la Cordillera de los Andes. Eran ciudades grandes, llenas de oro y regidas por monarcas que se revestían enteramente de dicho metal; también se especuló mucho con reinos prodigiosos como las siete ciudades de Cibola, el país de las amazonas y un legendario país de la canela. Todas estas quimeras eran versiones de El Dorado, fuente de riqueza fácil e inagotable.

La penetración tierra adentro desde la Costa Atlántica, tuvo varios motivos, pero entre ellos no puede descartarse la búsqueda del pretendido Dorado. La leyenda sirvió en buena parte para aumentar la explotación de muchos grupos triviales que debían entregar sus joyas a los soldados españoles. El oro además de las piedras preciosas, constituía lo valioso del botín que aquellos se repartían, además del quinto real que debían separar para la corona. Algunas realidades como ceremonias de envestidura del nuevo zipa en la Laguna de Guatavita, ayudaron también a la formación de la leyenda de reinos de oro.

Una de las más interesantes aventuras en busca de El Dorado, fué la emprendida por Sebastián de Belalcázar en 1538 desde Popayán y que culminó con su llegada a la Sabana de Bogotá y el encuentro posterior con Jiménez de Quesada y Nicolás de Federman. Cuando Belalcázar tuvo ante sí la planicie del reino, creyó que ese era El Dorado.

Hubo otras exposiciones emprendidas tras el soñado Dorado.

El descubrimiento de ricos yacimientos de oro de la región noroccidental del país y concretamente de las minas de Buriticá en Antioquia, hizo creer a muchos conquistadores, que hacia el sur estaban los flamantes reinos construídos con este metal.

El occidente del país aportó gran cantidad de oro a las expediciones españolas pues la tierra era pródiga en oro y frutas a Leyenda del Dorado

Una de las leyendas más importantes durante la Conquista de América fué la de El Dorado.

Los españoles que abrigaban la gran esperanza de enriquecerse con el oro de éstas regiones,no ahrraron esfuerzos para obtener información de los indios sobre la localización de sus tesoros; y hay que tener en cuenta que, muchas veces los mismos aborígenes fueron los iniciadores de la idea de El Dorado como pretexto para que los conquistadores se alejaran de sus tierras y les olvidaran temporalmente.

Inicialmente estos fabulosos lugares se situaron al oriente de la Cordillera de los Andes. Eran ciudades grandes, llenas de oro y regidas por monarcas que se revestían enteramente de dicho metal; también se especuló mucho con reinos prodigiosos como las siete ciudades de Cibola, el país de las amazonas y un legendario país de la canela. Todas estas quimeras eran versiones de El Dorado, fuente de riqueza fácil e inagotable.

La penetración tierra adentro desde la Costa Atlántica, tuvo varios motivos, pero entre ellos no puede descartarse la búsqueda del pretendido Dorado. La leyenda sirvió en buena parte para aumentar la explotación de muchos grupos triviales que debían entregar sus joyas a los soldados españoles. El oro además de las piedras preciosas, constituía lo valioso del botín que aquellos se repartían, además del quinto real que debían separar para la corona. Algunas realidades como ceremonias de envestidura del nuevo zipa en la Laguna de Guatavita, ayudaron también a la formación de la leyenda de reinos de oro.

Una de las más interesantes aventuras en busca de El Dorado, fué la emprendida por Sebastián de Belalcázar en 1538 desde Popayán y que culminó con su llegada a la Sabana de Bogotá y el encuentro posterior con Jiménez de Quesada y Nicolás de Federman. Cuando Belalcázar tuvo ante sí la planicie del reino, creyó que ese era El Dorado.

Hubo otras exposiciones emprendidas tras el soñado Dorado.

El descubrimiento de ricos yacimientos de oro de la región noroccidental del país y concretamente de las minas de Buriticá en Antioquia, hizo creer a muchos conquistadores, que hacia el sur estaban los flamantes reinos construídos con este metal.

El occidente del país aportó gran cantidad de oro a las expediciones españolas pues la tierra era pródiga en oro y frutas así como de maíz y yuca.

Entre los expedicionarios encontramos a Jorge Robledo y a Pascual de Andagoya. Las expediciones de conquista en busca de El Dorado condujeron a la fundación de muchas ciudades, varias de las cuales no subsistieron largo tiempo a causa de las hostilidades de los indígenas o traslados para evitar conflicto de jurisdicciones o simplemente para mejorar su ubicación con respecto a factores naturales o rutas de comercio.sí como de maíz y yuca.

Entre los expedicionarios encontramos a Jorge Robledo y a Pascual de Andagoya. Las expediciones de conquista en busca de El Dorado condujeron a la fundación de muchas ciudades, varias de las cuales no subsistieron largo tiempo a causa de las hostilidades de los indígenas o traslados para evitar conflicto de jurisdicciones o simplemente para mejorar su ubicación con respecto a factores naturales o rutas de comercio.